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La Coctelera

Categoría: Freaks

Valladolid confeccionará la bufanda más larga del mundo, con 32 kilómetros de longitud

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La bufanda más larga del mundo, de 32 kilómetros de longitud, será confeccionada en Medina de Rioseco (Valladolid) y recorrerá España, Portugal y Francia, como promoción de la producción ovina y la búsqueda de alternativas para la utilización de la lana.
La Bufanda Europea, promovida por el Colectivo de Desarrollo Rural (CDR) Tierra de Campos y la Diputación de Valladolid, se ha presentado en el Centro Natural de Matallana, informó la Institución Provincial. La bufanda, que medirá más de 32 kilómetros por 30 centímetros de ancho y pretende superar el récord Guinness, será expuesta en el Centro de Interpretación de la Naturaleza de Matallana en Valladolid.

La bufanda recorrerá los tres países integrantes del proyecto multinacional Lanatural, dentro del Programa Intereg IIIB-Espacio Atlántico de la Unión Europea, cuyo objetivo es conseguir mostrar la lana como un recurso natural para el desarrollo sostenible en el medio rural.

Para ello su confección se ha solicitado la colaboración de los vecinos de los municipios que conforman la iniciativa en Valladolid y se ha organizado un taller para aprender a tejer que comenzará en el mes de agosto y finalizará en septiembre. Hasta el momento han colaborado mujeres voluntarias de los tres países socios del proyecto y la bufanda mide ya más de tres kilómetros.

La fiebre del Mundial atraviesa los muros del monasterio

La fiebre del Mundial de fútbol es muy contagiosa y atraviesa incluso los anchos muros de los monasterios, como el de los capuchinos de Münster (oeste del país), que instalaron una gran pantalla en los jardines para ver los partidos. Los monjes vieron el viernes el encuentro de cuartos de final Alemania-Argentina, junto con otros 30 vecinos de los alrededores, y celebraron la victoria de la selección nacional (5-3 por penaltis).

Antes de pitar el comienzo, los vecinos habían llevado a los recintos del monasterio el equipo necesario para la ocasión, desde banderas y fuegos de artificio hasta una barbacoa y una caja de cerveza para calmar la sed de los espectadores.

Las concentraciones futbolísticas entre los 34 monjes capuchinos y el vecindario tienen tradición. Cada domingo, los más deportivos de estos religiosos se enfrentan en el campo contra los vecinos. En el minuto 49 del encuentro, el silencio es como en el claustro en el patio, cuando Argentina marca el primer gol del partido, salvo el padre Thomas que se ha enzarzado en un debate con un vecino sobre la necesidad o no de rezar en el caso de que el partido deba ser decidido por penaltis. Pero poco después el júbilo hace estremecer los muros del monasterio cuando el delantero Miroslaw Klose logra el empate en el minuto 80 para Alemania.

El padre Erich, vestido con la sotana marrón, salta de alegría, mientras un vecino hace ondear la bandera tricolor, omnipresente en las calles y plazas del país desde que el Mundial ha desatado una ola sin precedentes de euforia futbolística y sano patriotismo en el país anfitrión. A estos sobresaltos sigue la prórroga de 30 minutos, sin romper el empate, y la tensión de los penaltis, pero, al parecer, el portero germano Jens Lehmann cuenta con la ayuda de la Providencia y las oraciones de los capuchinos y para dos tiros argentinos.La próxima cita de monjes y vecinos en los jardines del monasterio está ya fijada para el martes, para ver el partido de semifinal contra Italia, que se jugará en Dortmund a las 21.00 horas (19.00 GMT).

Un octogenario construye una catedral con sus manos desde hace 40 años

Justo Gallego Martínez, de 81 años, ha dedicado más de la mitad de su vida a construir con sus manos una catedral en el pueblo madrileño de Mejorada del Campo y no pierde la esperanza de poder vivir lo suficiente como para terminarla. Lleva dedicado a este proyecto los últimos 40 años y trabaja en su catedral prácticamente de sol a sol, todos los días de la semana excepto los domingos, siempre que la salud y el tiempo se lo permiten.

Ha tenido que aguantar de todo, hasta que sus propios vecinos se rían de él y le tomen por loco, dice. Y es que en Mejorada del Campo, una pequeña localidad situada a unos 25 kilómetros al este de Madrid, resulta cuanto menos extraño que alguien tenga la idea de construir una catedral, y más raro aún que intente llevar a término, sin apenas ayuda, su sueño.

Justo, que fue labrador, explica que inició la construcción del templo a principios de los años sesenta, cuando una grave enfermedad le impidió ordenarse como sacerdote, y decidió entonces dedicar los 8.000 metros cuadrados de terreno que su padre le dejó en herencia, a las afueras del pueblo, a levantar una catedral consagrada a la Virgen del Pilar, patrona de España.

Tiene una planta rectangular de 50 metros de largo por 20 de ancho, una cripta subterránea, una gran cúpula, dos claustros interiores con altos cipreses, cuatro viviendas para religiosos, grandes vidrieras y hasta un baptisterio exterior.

Cuenta Justo que se inspiró en el templo de San Francisco el Grande, de Madrid, para empezar a construir su catedral, aunque "luego he ido improvisando sobre la marcha, creando una obra más personal, perfilada a partir de mi propio gusto estético". Sin planos ni proyectos previos, sin experiencia como albañil y sin ninguna ayuda institucional, este octogenario explica que quiere que su catedral sea "externamente como una fortaleza".

Para ello, doce torreones de cuarenta metros de altura, seis a cada lado, flanquean la planta central de la catedral, sobre la que se alza una cúpula que se eleva más de quince metros por encima del techo.Sobre las risas y desprecios que al principio le dedicaban sus vecinos, él mismo dice con tranquilidad que "a medida que han visto que esta catedral ha ido para arriba, se han dado cuenta de que no estoy tan loco, y, además, yo no hago ningún daño a nadie".

Gallego ha levantado su catedral recogiendo materiales que desechaban en otras obras, comprando andamios "a 20 pesetas el kilo", y tirando mucho de imaginación.

Como ejemplo de sus recursos, para construir las columnas que sostienen los techos, el campesino ha usado bidones rellenos de cemento y piedras, puestos uno encima del otro.

Previsor, hace varios años que Justo dejó en herencia a la diócesis a la que pertenece su pueblo, la de Alcalá de Henares, el templo "a condición de que, si tienen medios, ellos lo terminen tal y como yo lo he concebido". Los cientos de visitantes que acuden cada año de toda España y desde distintas partes del mundo para conocer su templo le aportan algunos donativos para ayudarle.

"Si dicen que la fe mueve montañas, entonces digo yo que también podrá levantar catedrales", comenta Justo, quien confiesa no saber cuándo podrá estar terminada la suya ni cuánto dinero ha invertido en ella. La obra, sin embargo, carece de licencia municipal al no contar con un proyecto técnico visado por el Colegio Oficial de Arquitectos.

Suspende por duodécima vez el examen de acceso a la universidad

Un chino de 38 años que desde 1987 trata de superar sin éxito el examen de acceso a la universidad, ha suspendido por duodécima vez, aunque asegura que seguirá intentándolo al menos hasta que cumpla 45 años, según informa hoy el diario China Daily. "De hecho ya tengo la costumbre de hacer el examen y lo intentaré el año que viene", dijo Cao Xiangfan, al que le queda humor para bromear acerca de su continuo fracaso.

"Yo no necesito siquiera mostrar mi tarjeta de admisión porque todo el mundo me conoce, soy un fijo en las clases de los exámenes", señaló. Cao es un amante de la literatura pero ha rechazo ofertas de varias editoriales para escribir un libro: "Puedo escribir libros hasta que tenga 80 años, pero entrar en la universidad es diferente. La universidad es un signo de nobleza y hacer el examen es una ceremonia importante para una persona". Mientras espera aprobar el examen de acceso a la universidad, Cao se gana la vida como profesor particular.

El fracaso de Cao no tiene nada que ver con el de Jiang Duodou, una chica de 19 años que hizo lo posible por sacar un cero en el examen como mecanismo de protesta contra un sistema de evaluación que considera injusto. No lo hizo tan bien como quería, ya que a pesar de infringir todas las normas del examen, como usar dos colores o escribir en los márgenes, entre otras, obtuvo una puntuación de 119, muy lejos del cero pero mucho más aún de la puntuación que permite acceder a la universidad.