Un octogenario construye una catedral con sus manos desde hace 40 años

Justo Gallego Martínez, de 81 años, ha dedicado más de la mitad de su vida a construir con sus manos una catedral en el pueblo madrileño de Mejorada del Campo y no pierde la esperanza de poder vivir lo suficiente como para terminarla. Lleva dedicado a este proyecto los últimos 40 años y trabaja en su catedral prácticamente de sol a sol, todos los días de la semana excepto los domingos, siempre que la salud y el tiempo se lo permiten.
Ha tenido que aguantar de todo, hasta que sus propios vecinos se rían de él y le tomen por loco, dice. Y es que en Mejorada del Campo, una pequeña localidad situada a unos 25 kilómetros al este de Madrid, resulta cuanto menos extraño que alguien tenga la idea de construir una catedral, y más raro aún que intente llevar a término, sin apenas ayuda, su sueño.
Justo, que fue labrador, explica que inició la construcción del templo a principios de los años sesenta, cuando una grave enfermedad le impidió ordenarse como sacerdote, y decidió entonces dedicar los 8.000 metros cuadrados de terreno que su padre le dejó en herencia, a las afueras del pueblo, a levantar una catedral consagrada a la Virgen del Pilar, patrona de España.
Tiene una planta rectangular de 50 metros de largo por 20 de ancho, una cripta subterránea, una gran cúpula, dos claustros interiores con altos cipreses, cuatro viviendas para religiosos, grandes vidrieras y hasta un baptisterio exterior.
Cuenta Justo que se inspiró en el templo de San Francisco el Grande, de Madrid, para empezar a construir su catedral, aunque "luego he ido improvisando sobre la marcha, creando una obra más personal, perfilada a partir de mi propio gusto estético". Sin planos ni proyectos previos, sin experiencia como albañil y sin ninguna ayuda institucional, este octogenario explica que quiere que su catedral sea "externamente como una fortaleza".
Para ello, doce torreones de cuarenta metros de altura, seis a cada lado, flanquean la planta central de la catedral, sobre la que se alza una cúpula que se eleva más de quince metros por encima del techo.Sobre las risas y desprecios que al principio le dedicaban sus vecinos, él mismo dice con tranquilidad que "a medida que han visto que esta catedral ha ido para arriba, se han dado cuenta de que no estoy tan loco, y, además, yo no hago ningún daño a nadie".
Gallego ha levantado su catedral recogiendo materiales que desechaban en otras obras, comprando andamios "a 20 pesetas el kilo", y tirando mucho de imaginación.
Como ejemplo de sus recursos, para construir las columnas que sostienen los techos, el campesino ha usado bidones rellenos de cemento y piedras, puestos uno encima del otro.
Previsor, hace varios años que Justo dejó en herencia a la diócesis a la que pertenece su pueblo, la de Alcalá de Henares, el templo "a condición de que, si tienen medios, ellos lo terminen tal y como yo lo he concebido". Los cientos de visitantes que acuden cada año de toda España y desde distintas partes del mundo para conocer su templo le aportan algunos donativos para ayudarle.
"Si dicen que la fe mueve montañas, entonces digo yo que también podrá levantar catedrales", comenta Justo, quien confiesa no saber cuándo podrá estar terminada la suya ni cuánto dinero ha invertido en ella. La obra, sin embargo, carece de licencia municipal al no contar con un proyecto técnico visado por el Colegio Oficial de Arquitectos.
